Primera parada: El barrio pobre de la ciudad. Allí, como de costumbre, me espera el Jefe de la Casa de los Asesinos, quien me proporcionaría la información suficiente que sabiamente deberé utilizar para alcanzar mi meta: Mi segunda cabeza. La cabeza de otro de los hombres de la guerra; Otro malhechor cuya vida no merece otro destino que no sea el de su exterminio.

Pero el camino que me debía llevar hasta ese punto, no iba a ser fácil. Nuevos retos se presentaban ante mí; El hecho de haber comenzado a recuperar mi talento como letal Asesino, parecía haber llegado a oídos de la gente, de los más despiadados enemigos que en mi camino podría encontrarme; Los caballeros tamplarios. Su fortaleza, su habilidad en la lucha y sus mortíferos golpes, iban a hacer muy duro un camino que en principio se presentaba placentero y sin mayores sobresaltos; Pobre iluso, Altair; Pobre iluso. A estas alturas, ya nada es sencillo; Los peligros acechan en cada rescoldo del camino y, cada vez son más y más las batallas que deberás entablar para despejarlo. La vida del Asesino de élite no tenía tantos escollos como la de un aprendiz; Pero debo superarlo, y hacer valer todo aquello que mis semejantes me están haciendo aprender, sin otro fin que el de hacer de mí un nuevo Altair; Hacer de mí quien era: El Asesino entre los Asesinos.

Todos los peligros de los que os hablo, se hicieron latentes nada más comenzar el camino hacia Acre; Intentar cruzar el puente que delimitaba las extensas llanuras ente ambas ciudades no fue tarea fácil; Como si de un infectado se tratara, las cabezas de todos y cada uno de los guardias que custodian la tierra que linda entre Masyaf y Acre,,se giraban a mi paso. No había ocasión en la que mi presencia pasara desapercibida. Ni haciendo honor a una de las tres máximas de mi Credo (“Mézclate entre la multitud”) pude esquivar los fieros ataques de los guardianes que custodiaban los atajos que llevaban hasta Acre. Pero ya ha recuperado parte de mi fuerza y de mi estilo; Comienzo a ser el de antes, y nada ni nadie se interpondrá en mi camino hacia mi objetivo: Acabar con las Cruzadas. Ni los templarios, ni los guardianes, ni ningún otro escoyo, podrán parar mi sed de victoria, la victoria cuya consecución librará a los habitantes de Tierra Santa del amargo y terrible sabor de la Guerra. Cual bebé que a cada paso de su existencia va aprendiendo de forma innata todo aquello que le es necesario para subsistir, voy recobrando las habilidades de las que fui desposeído, y que cada vez se hacen más necesarias en mi lucha contra el mal. Así, he aprendido que cuando mi destreza con las armas no es suficiente para derrotar a mis perseguidores, la mejor opción es huir de ellos, buscando lugares en donde esconderme; No dudé en utilizar RT + A, para escapar a toda velocidad de rudos equipos de soldados que me cortaban el paso hacia Acre, y ante quienes mis todavía no muy desarrolladas habilidades en la lucha, me impedían derrotarlos. Eso sí, para poder escapar y aguardar en lugar seguro, tenía que cortar su línea de visión, puesto que sí encontraban cualquier señuelo, cualquier pista en el camino, cualquier señal que les indicase mi cercana presencia, no dudaban en continuar su búsqueda hasta dar conmigo. Y de esta manera, utilizando técnicas similares a las de un animal que trata de huir de su depredador, logré cruzar los vastos territorios que me separaban de Acre; Tierras cuya mera observación, me indicaba la diferencia existente entre todas y cada una de las ciudades que conforman Tierra Santa: De las áridas tierras que me encontré en mi camino hacia Damasco, a las verdosas tonalidades que encontré en mi viaje hacia Acre. Precios Tierra que pretendo salvar del mal. Belleza por explotar una vez la libere del dolor bajo el que está sometida. Estoy llegando a Acre….

Atentamente

Altair

 

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De nuevo en Masyaf. Mi fortaleza, mi hogar; Lugar a donde debo retornar con la prueba que certifica el cumplimiento de mis misiones: La sangre impregnada en mi pluma de cada una de las 9 cabezas que osan desestabilizar Tierra Santa.

Al Mualim, quien no dejó pasar por alto mi incumplimiento del Credo de los Asesinos, perdiendo la confianza en mí y relegándome a las más bajas posiciones en cuanto a status dentro de mi hermandad, mostró su satisfacción ante mi trabajo. “”Lo has hecho bien Altair”. “Has recuperado un grado de tu rango, y te has hecho merecedor de un arma nueva: La hoja corta”.

Este es el comienzo de mi resurgir. Os lo dije y no os he traicionado. Volveré a ser quien era; Volveré a ser el verdadero Altair. Acatando estrictamente los mandatos del Credo de los Asesinos, y ejecutando sin piedad a los señores de la guerra, recuperaré paso a paso, día a día, todo aquello que perdí.

Ya lo estoy consiguiendo; Empiezo a recuperar la confianza de quienes la depositaron en mí tiempo atrás, y a quienes defraudé. Ya no comienzo desde cero; He conseguido ascender en mi rango y se abre la puerta a la posibilidad de recuperar viejas habilidades. Volveré a ser el hábil maestro de la espada: No sólo atacaré, como lo he hecho hasta ahora, sino que el contraataque se convertirá en uno de mis principales recursos en la lucha. Gracias a mi esfuerzo, a mi valentía y a mis éxitos, mis semejantes en la orden me han ayudado a recuperar viejas tretas que harán de mí un temible contrincante. Y tú lo puedes comprobar, junto a mí; Pulsa RT + X cuando un enemigo comience su ataque con la espada; Mi reacción será tan brutal que de un único golpe caerá fulminado.

De nuevo tendré como aliada la más despiadada de mis armas: Escondida bajo mi brazo, la hoja corta volverá a desgarrar los cuellos de aquellos que no merecen ni tan siquiera un suspiro de vida, de aquellos cuyo lucro oscurece nuestras vidas. No veo el momento de poner en práctica ese movimiento de Ángel que se vuelve mortal para quien lo divisa desde el suelo. O aquel que en silencio, sigilosamente, me acerca a mi objetivo por su espalda, agarrando su cabeza y separándola de su cuerpo, cual hoja cae del árbol en Otoño. Y esto es sólo el comienzo de mi resurgir…. Se abre ante mí el camino que me llevará a la elite de los Asesinos. Mi próxima parada, mi próximo objetivo de los 8 que me restan por cumplir me está esperando. Acre…

Atentamente

Altair

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Es aquella que te marca; La que despeja tu camino hacia las demás. Una vez bebes el elixir de la muerte de los hostigadores, tu cuerpo te pide más; Más cabezas, más sangre, más objetivos que tachar de la lista cuyos nombres envenenan con su odio la convivencia en Tierra Santa.

Voy a por ellos. No pararé. Mi primer objetivo es Tamir. Divo, Jefe de la Casa de los Asesinos en Damasco, me ofreció su colaboración. Fue el quien me llevó hasta Tamir; Me dijo quien era, que hacía y dónde lo encontraría. “Tamir es el mayor traficante de Muerte”. “Se dedica al tráfico de armas cuyo destino final es la guerra, y se está enriqueciendo a costa del dolor de nuestro pueblo”. “Se encuentra muy ocupado en los preparativos de una entrega a gran escala en el Zoco de la ciudad”. “Estará centrado en este trabajo, y por lo tanto, descuidará sus espaldas”. “Aprovéchalo y actúa”. “Acaba con él”.

Nada más que añadir; Su muerte está más que justificada. Voy a por su cabeza, me dije.

Camuflado entre la gente, pude observar como fracasaba la entrega que Tamir había preparado; Poseído por una furia inusitada, desató su ira contra el correo que hizo fracasar la operación; Pocas veces antes había visto asestar tantas puñaladas en tan poco tiempo. Pude entender la importancia del negocio y los inmensos beneficios que las guerras dejan tras de sí; De lo contrario, no sería posible acabar con la vida de alguien de semejante manera.

Contrariado por la situación, y con su nivel de alerta por los suelos tras acometer semejante atrocidad, me abalancé sobre él; La empresa no fue fácil; Tamir opuso resistencia, pero pocos son capaces de escapara al más implacable de los Asesinos. He vuelto, soy Altair.

“Descansa en paz Tamir”. “Ya no te enriquecerás a costa del sufrimiento ajeno”. Obedeciendo las órdenes de quien me envió a esta misión, impregné mi pluma con la sangre que manaba de su cuerpo. Lo hice. Mi primer objetivo, mi primera cacería, había llegado a su fin. Había ejecutado a Tamir. Un objetivo menos que cumplir.

El plan que había trazado para asegurar mi escapatoria, funcionó; Escondiéndome, camuflándome entre la multitud, regresé con mi trofeo a la Casa de los asesinos. Divo, cuya ayuda fue primordial para llegar hasta mi presa, me felicitó por semejante hazaña.

“Debes comunicar tu éxito a Al Mualim”.”Así podrás ir resarciéndote de tus errores”.

Sabias palabras de quien cree en ti y busca tu resarcir, sin otro beneficio que el de ayudar a recuperar el rango del que una vez fue el mejor Asesino. Yo las seguí. Fui a ver a Al Mualim; Ofrecerle la primera de las 9 cabezas que me encomendó hacer desaparecer, siguiente parada de mi diario.

Atentamente

Altair

 

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Al Mualim me ordenó visitar la casa de los Asesinos de Damasco. Este sería mi punto de partida. Allí se me informaría con detalle de todo lo necesario para comenzar la cacería. La información que un servidor necesitaba para llevar a cabo mi primera gran misión, sólo me la podían ofrecer aquellos que comparten nuestro Credo y luchan por el mismo fin.

El barrio pobre de Damasco; Hervidero de personas que mercadean, que predican, merodean… Pequeño reducto de una vasta ciudad que debo explorar. Allí, entre cientos de edificios cuyo virtuosismo deslumbra, se encuentra la Casa de los Asesinos. Pero no me sería fácil llegar. La pérdida de mis recuerdos, me hará subir a las Atalayas para recuperar fracciones de mi mente que me guíen hasta su puerta. 9 Atalayas por explorar en el Barrio pobre  de la ciudad; 9 posibilidades de ver el resplandor de Damasco desde lo más alto de su territorio.

En lo alto de la primera que escalé, utilizando mis artes innatas de malabarista, mis recuerdos comenzaron a aflorar: La información de mi destino la encontraría practicando malas artes: El Hurto. Dos cartas por robar; Dos robos que me abrirían la puerta de la Casa de los Asesinos. No lo dudé. Entre la multitud, y deslizándome cual cazador acecha a su presa, me hice con la primera de ellas; Valiosa información me proporcionó: Tamir, cuya cabeza debo entregar a Al Mualim, y cuya sangre impregnará mi pluma a modo de prueba del cumplimiento de mi objetivo, estaba preparando una gran envío ilegal de Armas; Armas cuyo destino final es la guerra que nos azota, y con la cual debemos acabar.

Pero debía continuar robando si quería llegar a mi destino; La información de las conexiones entre los tejados de damasco y de la ubicación del Zoco de la ciudad,  la encontraría bajo el papel escrito que poseía un mercader. Me hice con aquel manuscrito, con aquella carta que me acercaba cada vez más a mi objetivo de acabar con Tamir.

 

Una vez cumplidas mis obligaciones previas, ya podía acceder a la Casa de los asesinos, y preparar el asesinato de Tamir. Pero un asesino no debe centrarse únicamente en el dulce placer de ejecutar a aquel que provoca el sufrimiento de tus semejantes. Antes de matar, hay que preparar la huida.

 

A lo largo y ancho de Damasco, aproximadamente 45.000 personas recorren sus calles, calles con vida, estrechos laberintos en los que se mezclan la esperanza de una vida mejor con el dolor que provoca la Tercera Cruzada. Entre sus habitantes, podemos encontrar el refugio necesario que nos ayudará a protegernos y a huir en caso de ser perseguidos por hostigadores. Pero para ganarnos su confianza, deberemos ayudarles; La brutal actitud de quien se cree con el poder absoluto por ser guardián de la ciudad, amarga la existencia de estos ciudadanos. Ayudándoles a escapar de sus garras, nos ganaremos su protección, de indudable valor cuando las cosas se tuerzan. En el barrio pobre de la ciudad, 12 ciudadanos precisan de nuestra duda; Yo les ayudaré…

Y que decir de los Eruditos; Extraños seres que vagan por las calles encomendándose a algún vestigio de luz que provenga desde las alturas. Yo no creo en las religiones. No tengo ninguna, pero acepto y respeto las creencias de los demás. Y ellos no iban a ser menos, más aún cuando mezclándome entre ellos, puedo pasar desapercibido. Escondido entre sus blancas túnicas, puedo adentrarme en lugares sin ser reconocido, o bien esconderme durante la huída.

Tampoco debo desmerecer las oportunidades que la propia ciudad me brinda: carretas de paja, casetas en los tejados… todo viene bien para pasar desapercibido a la hora de escapar.

 

Ya tengo mi huída preparada… Ya puedo comenzar la cacería.

 

Atentamente

 

Altair

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Alguna extraña razón me impide recordar el camino que me debe llevar hacia el jede de loa Asesinos en Damasco. Extraña sensación que invade mi mente y que me impide avanzar; ¿Qué me está pasando? En multitud de ocasiones he recorrido las calles de esta tan inmensa como preciosa ciudad que hoy vive aturdida por el revés de la guerra. Pero ahora soy incapaz de guiarme a través de sus recónditas y majestuosas calles. Debo redoblar mis esfuerzos y agilizar mi astucia, puesto que de lo contrario volveré a fallar a Al Mualim, y eso no me lo perdonaré jamás.

Si mi cabeza no logra encontrar el camino hacia mi objetivo, deberé hacer que mis ojos se conviertan en mi mejor aliado para que me guíen en mi misión.
¿Pero cómo? Debo pensar, pensar en como actuar para que la vista remplace las lagunas que comienzo a tener en mi cabeza. LAS ALTURAS!!! Torpeza inusitada la mía. Las alturas me permitirán obtener la visión que ha desaparecido de mi mente y que es necesaria para guiarme por Damasco.

A lo largo de mi camino, hay Atalayas que me van a permitir obtener una visión privilegiada de mi situación y de la de mis enemigos, la de los peligros que me acechan, la de los objetivos por cumplir. Las atalayas suelen reconocerse fácilmente: Las águilas que sobrevuelan Tierra Santa, se detienen en estos majestuosos edificios, volando en círculo en torno a ellas. A ellas deberé encaramarme, y desde allí, intentar que mis recuerdos vuelvan al lugar del que nunca debieron salir: Mi mente. Además, me servirán como vía de escape para, desde las alturas, divisar la belleza de mi tierra, huyendo del dolor y la rabia que desprende cuando estás a ras de suelo, recorriendo sus plazas y mercados, agitada por un conflicto que no tiene sentido, y con el que debo terminar.

Las águilas; Temibles rapaces. Su sigilo, su contundencia en el ataque…Sus mayores virtudes me han servido de inspiración a la hora de actuar; A la hora de ejecutar a mis víctimas. Me siento tan identificado con su figura que incluso he tomado de ellas la más bella de sus características: Su vuelo en picado a la caza de su presa. Así es como desciendo de las Atalayas. Yo lo denomino “El salto del Ángel”: Desde lo más alto de cada una, dejo caer mi cuerpo inerte, planeando primero para caer en picado después; Majestuosa sensación de libertad que me otorga este momento; Incomparable. Indescriptible. Me hace sentir vivo. Me hace sentir…

9 Atalayas me encontraré en mi primera parada en Damasco: Su barrio más pobre; Cuantas más pueda escalar, más caminos recordaré, y más puertas se me abrirán para conseguir llegar hasta el lugar que Al Mualim me ha encomendado visitar.

Pero…. ¿por qué razón soy incapaz de recordar lo que un día dominaba?…tendré que esforzarme en descubrirlo. Creí perder habilidades para la lucha, no capacidades mentales….

Atentamente

Altair

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Me siento fuerte. Confío en mí. Estoy preparado para partir hacia Damasco. Allí me esperan objetivos de mayor relevancia que los que hasta hoy he tenido que cumplir. Ya no sólo lucharé por defender nuestra fortaleza, sino que mi deber ahora es velar por todos aquellos desdichados habitantes de Tierra Santa que viven bajo el sometimiento de las Cruzadas, Cruzadas que impiden la convivencia feliz y pacífica de mis semejantes.

Por eso parto hacia la ciudad en dónde deberé hacerme con la primera de las cabezas que debo entregar a Al Mualim para resarcirme de mis pecados y contribuir a fortalecer la estabilidad de la zona.

Debo acudir a visitar al Jefe de los Asesinos en Damasco. El camino es largo. A lomos de mi caballo; Al trote o al galope, cual rayo veloz o tortuga varada, aprovecharé para hacerme con cuantos estandartes del Rey Ricardo encuentre en mi largo viaje; Son 100, ni más ni menos que 100, pero merece la pena arrebatar todos aquellos signos que indiquen la propiedad de algo cuyo titular no es quien lo reclama. A lomos de mi caballo, surcaré parte de Tierra Santa hasta llegar a mi destino. Y lo haré como siempre: Despacio, sigilosamente, manteniéndome fuera del alcance de los soldados que infestan los vastos territorios que debo cruzar; Sin levantar sospechas, e intentando recoger cuanta más información me sea posible; La necesito. La necesito para llegar hasta mi primera víctima; La ansiedad por impregnar mi pluma con la sangre de quien hace infeliz a los míos me puede, me supera: No fallaré esta vez, os lo prometo.

Atentamente

Altair

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Antes de partir, debo estar preparado para la titánica lucha que me espera. Los errores cometidos en el pasado, me han despojado de mis armas y de mis habilidades para la lucha; Ahora que ya he recuperado la espada que hizo de mí el más mortífero Asesino, debo aprender a utilizarla; No tengo miedo, estoy preparado. Aprenderé de nuevo. Mis capacidades de aprendizaje y lucha siguen intactas, y las debo aprovechar.

En toda hermandad digna de considerarse como tal, el compañerismo y la ayuda mutua deben estar presentes. En la nuestra al menos lo están; Quizás sea eso lo que nos diferencia de las demás.

Mis compañeros me están marcando la senda que me llevará a utilizar mi espada de la manera más adecuada. Estoy recuperando poco a poco la destreza en su uso; Os hago partícipes de lo que me han enseñado:

Para estar preparados ante cualquier amenaza de ataque, es necesario tener en cuenta que defenderse es tan fundamental como saber atacar; Apretando RT, he conseguido realizar movimientos defensivos que neutralizan diversos intentos de quien se atreva a entrar en lucha conmigo. Es vital dominar esta técnica defensiva para que mi sincronización no se vea perjudicada.

También es cierto que la mejor defensa es un buen ataque, por lo que entrenando duro, he conseguido que tras repeler los golpes del enemigo, se hace vital utilizar LT y entrar en modo lucha. Con un espada desenvainada, y utilizándola como es debido, pocos enemigos se te podrán resistir. Si quieres acabar con ellos, puedes utilizar varias técnicas: El ataque rápido, pulsando X, es muy útil si puedes coger desprevenido a tu contrincante; Pero también puedes atacar con todas tus fuerzas, pulsando y manteniendo pulsado el mismo botón X, propinando a tu enemigo un golpe tan espectacular como devastador. Pocos se te resistirán, aunque este no sea el golpe más efectivo.

Una vez dominé estas técnicas de lucha esenciales, me enseñaron a ejecutar el golpe maestro, ese golpe cuyo dominio te hace sentir en el cielo cuando lo ejecutas, y ante el que poco podrán hacer quienes sean víctimas del mismo; Ayudándome del boton X, he conseguido dominarlo; Si lo pulso una vez, inicio el ataque, y si lo vuelvo a pulsar cuando mi espada entra en contacto con el cuerpo de mi adversario, el golpe se vuelve mortal, clavando mi espada en las entrañas de quien no se merece vivir. Lo utilizaré a la más mínima ocasión, puesto que la vida en paz de los habitantes de Tierra Santa, tiene más valor que la de cualquiera que se interponga en mi camino para conseguirla.

Pero no debo limitarme a manejar con destreza y astucia mis armas; Mi cuerpo juega una parte esencial a la hora de luchar. Con el arma enfundada, mis puños acaparan el protagonismo de mi ataque y, una vez nockeado al contrincante, me hago valer del botón B para agarrarlos y expulsarlos hacia dónde me plazca, dirigiendo su caída a través del comando LS.

Y esto no es todo lo que he aprendido. Mis mentores me han enseñado otras técnicas que de momento no puedo desvelar, pero que seguro harán de mí un enemigo a temer. Todavía no puedo desvelarlas, pero os las contaré…

Atentamente

Altair

 

 

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Un cestero. Un aparentemente humilde cestero fue quien cometió el error de entregar a Masum la carta, carta que facilitó la entrada en Al Masyaf del ejército de Roberto. Debo encontrar esa carta; Esa pista, ese indicio que certifique que Masum está tras esta conspiración.

Los Asesinos velamos por la paz, y para conseguirla, en ocasiones debemos actuar en contra de los principios que llevan a ella. Así lo hice yo; Tuve que robar; Y lo tendré que volver a hacer, como parte de mi trabajo para conseguir la estabilidad en Tierra Santa. Sigilosamente, cumpliendo con una de las tres máximas de mi Credo, sustraje de la chilaba del cestero la carta que certificó nuestras sospechas: Masum abrió las puertas a los enemigos.

¿Lo hizo sólo, o instigado por algún otro traidor? La sombra de más instigadores, parecía estar tras de esta conspiración. Pero como saberlo…. Debía continuar con mis investigaciones; Debía interrogar a Masum, y conocer realmente lo que estaba sucediendo. Y así lo hice.

Lo encontré desprestigiando el honor de nuestro líder, cual falso predicador pretende remover la conciencia de la multitud: “Al Mualim, ese loco de Masyaf, ha sido quien nos ha traicionado”, proclamaba al viento. Me lo llevé. Cayé su boca a puñetazos en un lugar apartado, para no desestabilizar el orden que entonces reinaba en la ciudad. Buena forma de obtener información que, aunque quizás no muy ética, resultó muy efectiva. Como un cordero que teme por su vida ante el ataque de los depredadores, reconoció ser quien facilitó la entrada en Al Masyaf a los instigadores de Roberto: “Basta; Me rindo!”. “Seguimos a los Templarios”. “Soy fiel a Roberto de Sable”.

Ya era mío; Ya había averiguado y capturado a nuestro a nuestro traidor, Masum; Había cumplido con mi primera misión. Ahora debía ponerlo en manos de Al Mualim, y que éste decidiese su destino.

“No me arrepiento de mis acciones” gritó Masum. Al Mualim, enfurecido, clavó su espada en el pecho de quien osó ponernos en peligro. Esa espada fue mi recompensa; Mi primera recompensa en el camino que me llevará de nuevo a lo más alto; Ya no sólo me valgo de mis puños: He recuperado parte de lo que me quitaron, y estoy en condiciones de afrontar con más fuerza y valor las misiones que se me encomienden.

Pero mi constante lucha por llegar hasta el último confín de la trama urdida contra nuestra fortaleza, me hacía pensar en que debíamos continuar en la búsqueda del verdadero instigador de este malvado plan: Masum no actuaba sólo, y yo, consciente del peligro que nos acecha de no acabar con todos aquellos que nos han traicionado y por ende, lo seguirán haciendo, así se lo hice saber a Al Mualim. “¿Qué hacemos con Jamal, verdadero cabecilla de esta traición?”, pregunte a Al Mualim; “Hay hombres que deben morir para acabar con las cruzadas, como Masum. Otros deberán redimirse”. “No prosigas. Le dejaremos ir. Ya llegará su hora”.

“Recoge tu equipo y vete. Demuestra que aún podemos recuperarte”. Estas fueron las últimas palabras que escuché de Al Mualim antes de partir hacia DAMASCO, mi próxima parada, mi próximo destino. Allí comenzaré la lucha para acabar con las cruzadas que asolan Tierra Santa. A partir de ahora, esa será mi verdadera misión, la misión para la que he sido encomendado y por la que lucharé hasta la extenuación. La paz y el orden deben ser restablecidos, y aquellos que se enriquecen a costa del sufrimiento de mi gente, serán derrotados.

Atentamente

Altair

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